Los cambios de huésped marcan el ritmo. Cuando una salida y una entrada comparten la misma tarde, la limpieza tiene que quedar terminada y verificada dentro de esa ventana, siempre, o el próximo huésped entra a la estadía de otro. Trabajamos con una lista de control escrita por unidad, fotografiamos el estado final y avisamos de cualquier daño o faltante mientras todavía hay tiempo de resolverlo.
La sal y la arena son la otra mitad del trabajo. Entran con cada huésped y cada maleta, se meten en las juntas, las alfombras y los bordes del piso, y si nadie las atiende terminan en manchas y desgaste. Pisos, entradas y la grifería de cocina y baño reciben esa atención extra como parte del alcance estándar en la playa, no como un extra, porque saltarla es lo que hace que una unidad se vea gastada después de una temporada.