Los cambios de huésped marcan el ritmo. Cuando una salida y una entrada comparten la misma tarde, la limpieza tiene que quedar terminada y verificada dentro de esa ventana, siempre, o el próximo huésped entra a la estadía de otro. Trabajamos con una lista de control escrita por unidad, fotografiamos el estado final y avisamos de cualquier daño o faltante mientras todavía hay tiempo de resolverlo.
La sal y la arena son la otra mitad del trabajo. Se depositan en rieles, bisagras, barandas y vidrios, y si nadie las atiende terminan en manchas y corrosión. El vidrio de balcón, las corredizas y los rieles de puerta son parte del alcance estándar en la playa, no un extra, porque saltarlos es lo que hace que una unidad se vea gastada después de una temporada.